Fuegos con limón, Cementerio de Polloe

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Calle arriba, camino del cementerio de Polloe, Izaskun Ayestarán extrajo de su bolso un ejemplar de los Manifiestos del Surrealismo ...

Ya dentro de Polloe tomamos un sendero de grava a mano derecha del camino principal, con achaque de dirigirnos al panteón que supuestamente servía de templo para nuestras ceremonias surrealistas. Lo cierto era, sin embargo, que traíamos propósito de retirarnos a alguna zona solitaria en la que no nos alcanzasen las miradas de los numerosos visitantes que en la tarde soleada pululaban por el lugar.

Cementerio de Polloe

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Junto a la tapia que bordea el cementerio hallamos poco después un vetusto panteón. Tenía las paredes revestidas de verdín y un vestigio ilegible de inscripción en el hastial. La sombra de un árbol que no era un ciprés lo cubría por entero. Sobre el escalón de la entrada había varios tiestos, cuyas plantas resecas y tierra endurecida mostraban con claridad que el recinto no había recibido cuidado alguno desde hacía mucho tiempo. Dijimos era el panteón que buscábamos, y qué alegría volver a ordenar a un nuevo miembro de La Placa.

Polloe

Tan abundantes eran los panteones por aquella zona del cementerio y nosotros habíamos ido a elegir precisamente uno inexpugnable.

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 resolvimos encaminarnos cementerio arriba hacia una zona de tumbas menos pomposas, donde proseguimos el rastreo divididos en dos grupos. Yo empecé a temer lo peor viendo nos acercábamos derechamente a la cruz de mármol bajo la que reposan los restos mortales de mi madre, al borde del sendero por el que caminábamos.

Polloe I

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No se disipó con ello mi inquietud, ya que los otros continuaban subiendo la cuesta por el camino paralelo, sin apartar la vista de la ringlera de tumbas que terminaba en una encrucijada distante una docena escasa de metros de la sepultura de mi madre.

Autor: Fernando Aramburu

Editorial: Tusquets (1996)

ISBN: 978-84-7223-795-7

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